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El papel del mercado en la división de cultura

En términos generales, una mayoría de los procesos de estudio e investigación logra culminar con resultados fructíferos y de éxito, gracias al apoyo dinámico de las personas y grupos que consiguen llevarlos a feliz término. Después, los aportes entran a participar de una diversidad de referentes prexistentes en la experiencia científica, que enriquecen la praxis de trabajos, oficios, asociaciones o institutos de todas las categorías y áreas del conocimiento. Esto, por supuesto, ocurre también en el campo del arte y la cultura, donde evidentemente se han establecido y consolidado conexiones importantes con disciplinas y experticias propias de otros sectores que el público puede reconocer.


En este artículo queremos llamar la atención sobre una gran inquietud que siempre está presente en el colectivo social, y la comunidad que participa en el dialogo sobre el tema de las artes y las letras: ¿en qué momento de la historia la cultura perdió la esencia que se sostenía al amparo del humanismo para interrelacionarse y conectarse con métodos y procedimientos propios de otras disciplinas, como las finanzas, la arquitectura y el urbanismo, el diseño o la biología? Y de manera más específica, nos interesa señalar acá el significado e impacto del mercado y el comercio, en la promoción y distribución de la cultura, y cómo esa interacción tiene un sentido determinado en el contexto del mundo contemporáneo.


Este tema corresponde directamente al lugar que ocupan las galerías, los museos e instituciones de cultura en nuestro entorno propio, y me permite formular algún aporte con base en la praxis reflexiva y la experiencia en el oficio de intermediación cultural. Para el caso de la galería The Muisca y de otros espacios culturales que siguen la dinámica de los negocios y el mercado del arte, donde se articulan los eslabones de una cadena de valor y se posibilita la generación de ingresos para los actores culturales.


Durante los últimos años ha habido una serie de cambios y de transformaciones en la forma de ver las prácticas artísticas, y su expresión en políticas públicas de estímulo y dinamismo del sector cultural en varios países. Siguiendo la referencia de Alberto Borja en Esferapública, la economía creativa o economía naranja fue una estrategia creada por la UNESCO en la primera década del presente siglo, producto de un acuerdo común entre varios países, para orientar los planes y políticas de gobierno, y para acuñar el tema del dialogo entre ciencia y arte. En Colombia, el gobierno de Iván Duque creó, con la activa gestión del Ministerio de Cultura e Idartes, la iniciativa de la economía naranja, considerada por muchos seguidores de la región cultura, una estrategia adecuada para estimular la creación empresarial e impulsar el desarrollo en todas las regiones del país, que necesitan unos marcos de referencia sólidos y estables, de acuerdo con las dinámicas del sector cultural.


Sobre el vínculo mercado-actividades culturales recuerdo una reflexión que pasó por mis investigaciones en los tiempos en que aún vivía en la ciudad de Bogotá y me preparaba para recibir mi diploma en la Universidad Nacional. Como estudiante persistía en mi motivación por el conocimiento, una preocupación constante por la coherencia en el entendimiento y el deber actuar en consecuencia, de acuerdo con los principios que nos enseñaba la formación profesional y las expectativas de crecimiento en la ciencia. Entonces, detrás de todas las inquietudes investigativas, estaban siempre presentes los principios rectores que había aprendido en los libros de los maestros. Reconozco que, para ese entonces, había muchos procesos del capitalismo y del mundo real que no terminaba de entender, y su lógica económica me parecía que respondía a las dinámicas de la competencia que, al final, terminaban por asimilarse a desigualdad y opresión.


Una experiencia que me permitió consolidar una visión más sólida y coherente en cuanto al mundo de la cultura y que me permitió cubrir déficit en mi conocimiento, es la de haber podido abordar el tema del mercado del arte y del mundo de los negocios en el sector de la cultura. Ello fue posible gracias al libro “Coleccionar Arte Contemporáneo”, de Adam Lindeman (editorial Taschen) que adquirí en Bogotá. Cuando consulto este referente, encuentro siempre otra perspectiva; pero mi conciencia se apropió desde una primera lectura de una razón de peso, según la cual el mundo del arte no es lo mismo si pasa en una ciudad en condiciones de atraso y subdesarrollo, que si transcurre en cualquiera de las grandes ciudades avanzadas como New York, Paris, Hong Kong, Londres, Bruselas o Berlín. Porque el contexto del poder económico es determinista y los estados de desarrollo en el capitalismo, son poderes que definen las condiciones del marco legal donde ocurre la dinámica cultural.


Desde nuestra primera aproximación a algunas galerías de París constatamos que las condiciones en The Muisca, en materia de precios y oportunidades, resultan similares a las de otras galerías con las que se puede comparar. Un punto a favor de Muisca es su conformación como un espacio que tiene una estrategia, donde es posible desarrollar las dinámicas del mercado cultural, el comercio y los servicios asociados; o en pocas palabras, integrar el mundo de las finanzas en el circuito del arte.


El mercado cultural es un tema central actualmente, pero subsiste otra corriente de crítica desde la concepción de las artes y las letras, de donde provienen muchas de las ideas, discursos y consignas sobre el sector cultural que resultan ser vagos y faltos de significación real, y que se reducen a simples premisas ideológicas sin una base de sustentación en un mundo cierto. Por otra parte, si nos remitimos a la experiencia de lo que representa humanamente el diario vivir, ya resulta obvio decir que el mundo está en crisis, la sociedad no brinda garantías a las personas, vivir es peligroso, las ciudades son hostiles y el sistema nos enferma y nos lastima, mientras que debería cuidar más el patrimonio sensible de la vida. En tales condiciones el trabajo cultural implica un esfuerzo excesivo para garantizar su progreso y su sostenibilidad, y sus posibilidades de éxito y de subsistencia.


Aprender del mercado es importante teniendo en cuenta que las crisis llegan a convertirse en una espada de Damocles que pesa sobre nosotros y amenaza el bienestar que nos ampara, causando impactos desafortunados en el curso normal de la vida de tantas personas que vivimos y compartimos en el sector cultural.


Podemos decir que tener una estrategia cultural exitosa significa optimizar los planes donde la cultura tiene verdadero poder, e incluso es parte importante del estado económico o político. El mayor grado de desarrollo económico nos permite entender los ejemplos de grandes ciudades en países como el Reino Unido, Austria, Francia, los Estados Unidos, y la China, donde el mercado financiero en el mundo del arte y la cultura es diverso, complejo y altamente especializado, y donde el capital económico es autónomo y alcanza para amparar el patrimonio cultural. En esos países avanzados, el despliegue que realizan en el mundo cultural está amparado por el patrimonio mundial de la humanidad y el poder de la civilización que significa el conocimiento de expertos conocedores, o grandes maestros, donde muchos de ellos son, en términos Kantianos, poder prima en el genio de la humanidad, en un contexto relacionado con la creatividad libre, la imaginación y la voluntad que impulsa una creatividad artística, de formación en disciplina el orden es la enseñanza en el ejemplo.


Esos países tienen la suerte de contar, entre otras cosas, con universidades que ocupan puestos de muy alto nivel académico y sus maestros, profesores e investigadores están habituados a sostener un reconocido patrimonio científico, de aprendizaje y enseñanza, de valor incluso en la democracia; lo cual se integra perfectamente a la memoria de la humanidad que está bien cuidada en museos, galerías y casas de tradición. La conciencia en torno a la riqueza humana se representa siempre de manera libre, el público puede también aportar y la comunidad comparte el patrimonio común y disfruta de garantías de prosperidad. El urbanismo de las ciudades está diseñado en planos, que se integran coherentemente y logran concretizar un poder manifiesto de la razón, una fundamentación de base en la epistemología y referentes del conocimiento que el ser humano tiene del mundo.


Lo planteado en este artículo es apenas un acercamiento, a grandes rasgos al tema del mercado del arte, que es muy extenso y no es posible abordar de manera completa en un espacio reducido como este. Seguramente en próximas publicaciones volveremos sobre el tema, desplegando otras facetas del análisis para su provecho.


Juan Camilo Baron Cifuentes

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